La FIFA, bajo fuerte presión, decidió dar marcha atrás. Apenas cuatro días después de presentar el proyecto FIFA Forward Enterprise (FFE), que proponía abrir a inversores privados una participación minoritaria en el negocio comercial del Mundial, el organismo anunció este viernes que el plan fue definitivamente archivado.

La decisión se produjo tras una reacción inédita del fútbol mundial. La UEFA amenazó con retirar a sus selecciones de las próximas competiciones organizadas por la FIFA si el proyecto continuaba. Por su parte, la Concacaf rechazó de plano la propuesta, la Confederación Asiática (AFC) se alineó con la postura europea y, además, comenzaron a surgir cuestionamientos públicos desde dentro de la propia FIFA, incluso por parte de colaboradores cercanos a Gianni Infantino.
«Tras escuchar atentamente todas las opiniones, quedó claro que el proyecto ha generado divisiones que, independientemente del nivel de apoyo recibido, ya no están alineadas con el objetivo que se planteó desde un principio», reconoció la FIFA en el comunicado con el que confirmó el retiro de la iniciativa.
El organismo recordó que el proyecto había sido diseñado para fortalecer económicamente a sus 211 asociaciones miembro, especialmente a las de países con menos recursos. “El proyecto FIFA Forward Enterprise tenía como objetivo sentar las bases para seguir fortaleciendo a nuestras Asociaciones Miembro y al fútbol en todo el mundo, especialmente en aquellos países donde el apoyo es más necesario”, sostuvo.
Asimismo, enfatizó que la iniciativa solo avanzaría si contaba con el respaldo mayoritario de las federaciones nacionales y tras un proceso de consulta con el Consejo de la FIFA, las seis confederaciones continentales y los distintos actores del fútbol. Sin embargo, la resistencia creció con rapidez y de manera inesperada.
### La rebelión que obligó a Infantino a retroceder
El proyecto contemplaba la creación de FIFA Forward Enterprise, una sociedad comercial valorada en aproximadamente 20,000 millones de dólares, de la cual inversores privados adquirirían cerca del 20% a cambio de una inyección cercana a los 4,200 millones de dólares.
La FIFA mantendría el control de la nueva compañía y conservaría la potestad exclusiva sobre la organización de las competiciones, el calendario internacional y la gobernanza del fútbol. A cambio, prometía distribuir un bono extraordinario de 20 millones de dólares a cada una de sus 211 asociaciones miembro a comienzos de 2027 para impulsar proyectos de desarrollo.
No obstante, la propuesta fue interpretada por gran parte del mundo del fútbol como el primer paso hacia la privatización del principal activo de la FIFA: la Copa del Mundo. La oposición más contundente llegó desde la UEFA, que calificó el mecanismo como un «ultimátum» y advirtió que ninguna de sus 55 federaciones participaría en torneos FIFA mientras el proyecto siguiera vigente.
La Concacaf también rechazó la iniciativa, mientras que la Confederación Asiática señaló que la propuesta «no podía alcanzar el consenso necesario para seguir adelante».
### La Conmebol eligió la cautela
La única gran confederación que evitó pronunciarse categóricamente fue la Conmebol. El organismo presidido por Alejandro Domínguez, que semanas atrás había respaldado la candidatura de Infantino para un nuevo mandato al frente de la FIFA, inició consultas con sus diez asociaciones miembro y solicitó información adicional sobre el alcance del proyecto.
“La CONMEBOL solicitó a la FIFA información adicional y aclaraciones sobre distintos aspectos relativos al alcance, la estructura, la gobernanza y los posibles efectos del proyecto”, explicó en un comunicado.
La entidad sudamericana evitó alinearse con Europa, aunque dejó un mensaje claro: “Entendemos que el desarrollo del fútbol requiere decisiones de carácter comercial y financiero. Sin embargo, dichas decisiones deben estar siempre al servicio del fútbol y nunca por encima de su esencia”.
### La primera gran crisis política interna
La presión no solo provino de las confederaciones. La crisis también se extendió al círculo más cercano de Infantino. Carlos Cordeiro, principal asesor del presidente de la FIFA y ex titular de la Federación de Estados Unidos, presentó su renuncia acompañada de una carta crítica.
“Vender una participación permanente en el activo más preciado del fútbol para recaudar 4,200 millones de dólares no tiene sentido. Es hipotecar el futuro del fútbol sin una justificación convincente”, escribió el exbanquero de Goldman Sachs.
Pocas horas después, Kevin Lamour, director de operaciones de la FIFA, afirmó que la administración del organismo había sido mantenida al margen de la iniciativa. “Es el proyecto de una sola persona”, declaró a la agencia Associated Press, en clara alusión a Infantino, y agregó que el personal había sido “engañado” durante la elaboración del plan.
Las críticas trascendieron el ámbito deportivo. El primer ministro británico, Andy Burnham, calificó la iniciativa como “escandalosa” y afirmó que “el Mundial no es un producto” y que “el fútbol pertenece a los aficionados, no a los inversores”.
Ante este escenario, la FIFA optó por desactivar el conflicto antes de que la fractura institucional se profundizara. “Nuestro propósito siempre fue —y siempre será— unir y hacer crecer el fútbol. Por ese motivo, esta propuesta no seguirá adelante”, afirmó el organismo.
Para cerrar, la entidad anunció que buscará reconstruir consensos con federaciones y confederaciones. “Mi intención es volver a reunir en los próximos días y semanas a todas las partes interesadas, con un espíritu de colaboración y con el objetivo de seguir impulsando el desarrollo del fútbol en todo el mundo, especialmente en aquellos países que más necesitan nuestro apoyo”, concluyó el comunicado.
Más allá del anuncio, este episodio supuso una señal política poco habitual en la FIFA: por primera vez desde que